En efecto, es prioridad para el hombre la conservación de la
vida, más allá de ser un deseo mezquino de permanecer vivos, se trata incluso
de un condicionamiento de la naturaleza, que nos lleva a preservar la propia
vida y la de la especie. Siguiendo esta conducta natural, se han establecido
leyes que contemplan la vida como un derecho irrevocable de todo ser humano,
derecho que debe ser respetado bajo cualquier circunstancia.
Es válido preguntarse si en todo caso, y bajo cualquier circunstancia,
es asertivo prolongar la existencia de una persona; ¿Será que aplicamos el
raciocinio al mantener “vivo” a ese ser querido?, ¿Pensamos en el bienestar de
esa persona o en el propio bienestar? Estas son interrogantes que deben ser
planteadas antes de aplicar cualquier mecanismo para mantener con vida a una
persona.
Defendemos y promovemos el derecho a la vida, pero, ¿Qué es
la vida?, ¿Es estar conectado a una máquina que asiste tus funciones orgánicas,
o quizás, es estar postrado en una cama de la cual no podrás levantarte nunca
jamás?,Para responder a todas
estas interrogantes es necesario aplicar la objetividad, raciocinio y
conciencia. Ya que al pretender extender la vida, quizás estamos prolongando la
agonía de ese ser humano, tan sólo para el propio beneficio, para estar en paz
con nosotros mismos.
El debate sobre la eutanasia es un tema que sigue abierto, hay quienes consideran dicha práctica como un acto inhumano, una forma de
asesinato diplomático, alegando también que nadie tiene derecho a decidir sobre
la vida ajena. Nociones y opiniones que han dado origen a una de las
discusiones más prolongadas y controvertidas de la contemporaneidad.


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